Pasando por la Autopista del Este me encuentro con el
maravilloso medidor de velocidad que se encuentra en el hombrillo, cortesía de
la alcaldía de Baruta. Bien sofisticado, si
se le quiere dar un significado pertinente a tal innovación caraqueña,
porque ni útil ni funcional vienen al caso.
En un país en donde hacer piques por las autopistas y
adelantar carros por el hombrillo es la norma, donde los semáforos son de
adorno y los pedigüeños usuales, donde hay prácticamente más motorizados que
carros y, aparte, tienes que andar bajo perfil para no terminar robado o peor,
cosas como un medidor de velocidad no pueden funcionar. Poner una cosa así es
simplemente un chiste para el caraqueño, que se cala varias horas de cola simplemente
para llegar su trabajo u hogar. Y para completar, lo que acá tenemos es una
falta de autoridad policial que simplemente no se encarga de ponerte multas
sino te las facilitan diciendo “esto
lo podemos arreglar de otra manera…”, mucho menos se encargará de ver que
sobrepases el límite de velocidad establecido.
Vivir en el caos es nuestro pan de cada día y que traten de
hacernos más cívicos con adornos como el medidor de velocidad simplemente me
causa gracia, particularmente no me interesa saber a cuántos kilómetros voy en
una cola en la autopista, a menos que quisiera hacer el record de cuánto tiempo
puedo estar en 0 kilómetros por hora y el medidor de velocidad me lo facilite,
lo cual me extraña que nadie (al menos ningún venezolano) se haya dispuesto a
cumplir esa misión, a lo cual yo otorgaría una mención honorífica y un lugar en
el libro de Guinness World Records porque no es tarea fácil. Por tanto, aprecio
mucho el sofisticado adorno que nos han puesto tanto en la Autopista del Este
como en El Cafetal. Me ha divertido enormemente.
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